Reflexión sobre el cuento “Donde viven los monstruos”
El cuento narra la historia de Max, un niño al que su mamá castiga y lo hace encerrar en su habitación. El, un poco abrumado, decide embarcarse en una aventura para huir de ese momento. Sin salir del cuarto Max hace una travesía en barco y llega a un lugar lleno de monstruos. Le ocurren cosas tan asombrosas como dominar los temibles monstruos con tan solo mirarlos fijamente. De lo anterior podemos inferir, en primer lugar que estos hechos son equiparables con lo que ocurre en la vida de los lectores en relación con la lectura. Niños, jóvenes y adultos inmersos en situaciones difíciles pueden tomar distancia de ellas a través del acercamiento a la lectura. En el caso de Max es su imaginación la que lo lleva a inventar un mundo paralelo en el que, de momento, olvida su malestar real. En segundo lugar podemos darnos cuenta que en lo imaginario, en el mundo de los pensamientos todo es válido. Max no es un niño sencillo, es el Rey de los monstruos a quien ellos rinden honores. Con su imaginación Max transforma fantásticamente su mundo, transformándose él mismo, convirtiéndose quizá en todo aquello que ahora mismo no es posible ser en la vida real. El acercamiento a la lectura, en este caso de imágenes y con una narración de apoyo, puede constituirse en una puerta abierta para la transformación de las experiencias. Este es tan solo un pequeño ejemplo de lo que podría ocurrir, el niño afronta una situación complicada y su manera de afrontarla es usando su imaginación para evadirse sin dejar de regresar a su mundo. ¿Qué ocurriría si todos los Max se adentraran a nuevos mundos para aliviar momentáneamente sus temores?, ¿Qué pasaría si ellos se reunieran a contar sus experiencias? Podemos decir sin temor a equivocarnos que se enriquecerá el universo interior de cada uno de ellos y al mismo tiempo construyen un entorno diferente. No puede ocurrir nada amenazante cuando se renuncia a las adversidades y se decide conocer mundos y culturas nuevas. No puede ocurrir nada negativo cuando la imaginación interviene para crear y pensar nuevas formas de asumir el mundo. El diálogo interior que supone el contacto con o desconocido que ofrece un cuento por ejemplo supone una interrogación privada que se proyecta al otro.
¿Qué tal si Max hubiese escogido los dibujos del cuento? De seguro fue alguien como él quien los eligió. Los monstruos cuya descripción narrativa los hace aparecer temibles, en realidad poseen rostros amigables incluso miradas inofensivas. Las imágenes parecen un poco antiguas, algo borrosas y con movimientos un poco descoordinados, quizá el Max que eligió el arte entendió que la imaginación es tan dinámica y poderosa que no se puede representar en elementos estáticos ni se puede definir muy bien. La imaginación no puede atraparse en un libro ni en un video porque cuando se abren todos los oyentes empiezan a volar detrás de su propia creación. El círculo de lectura ofrece la oportunidad de encontrar esas creaciones, esas recreaciones individuales que convergen en un escenario pluralista en donde todos son importantes.
Cuando elaboré el texto entendí varias cosas acerca de la creación, pero no me detuve a pensar en la imaginación. Al preguntar si Max habría escogido los dibujos me dí cuenta que la creación y la imaginación están regidos por un principio de libertad. Libertad porque están implicados la elección, el riesgo, el soltarse de la seguridad. Es precisamente lo que leímos en Petit. El arte...la escritura, la narración, el dibujo, etc., nos impulsa a abandonar un lugar para situarnos en otro. Cuando construimos un texto, estamos moviéndonos, casi inconscientemente, hacia otro modo de pensar. La creación rompe la conformidad y derriba las distancias entre lo que tenemos y lo que somos capaces de soñar
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